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Enfermedades cardíacas y problemas circulatorios

Detalle de los pies de un pasajero con medias de compresión, ligeramente elevados en el asiento del avión como prevención de la trombosis.
Las medias de compresión ayudan a reducir el riesgo de coágulos durante los vuelos largos.

El corazón y los vasos sanguíneos soportan una carga mayor a bordo. El nivel de oxígeno en la cabina equivale aproximadamente al de una altitud de 2 000 metros sobre el nivel del mar, la presión arterial y la frecuencia cardíaca varían durante el despegue y el aterrizaje, y el estrés del viaje puede empeorar todo el cuadro.

Los cardiólogos recomiendan aplazar el vuelo al menos dos semanas después de un infarto de miocardio, y aún más si el infarto fue grave. La angina de pecho inestable, las arritmias no tratadas y la insuficiencia cardíaca descompensada también figuran entre los estados en los que no se puede recomendar volar sin la aprobación del médico.

Hay una prueba orientativa bastante sencilla para saber si estás en condiciones de volar: ¿puedes subir un piso por las escaleras a paso normal sin que te falte el aire? Si no, tu cuerpo te está diciendo que la carga de la cabina no estará exenta de riesgos. Consúltalo siempre con tu cardiólogo antes de volar.

Trombosis y factores de riesgo

Al permanecer mucho tiempo sentado e inmóvil en el avión, la sangre de las venas de las piernas circula más despacio y existe el riesgo de que se formen coágulos. El trombo resultante puede desplazarse a los pulmones y provocar una embolia pulmonar potencialmente mortal.

El riesgo de trombosis aumenta con el tabaquismo, la obesidad, los anticonceptivos hormonales, el embarazo y el puerperio, la deshidratación, las varices y los antecedentes de episodios tromboembólicos. Si te reconoces aunque sea en uno solo de estos factores, no deberías afrontar un vuelo largo sin medias de compresión y sin moverte con regularidad. Si acumulas varios factores de riesgo a la vez, consulta con tu médico la posibilidad de tomar anticoagulantes de forma preventiva.

Después de una operación o una lesión

Las intervenciones quirúrgicas dejan gases y aire en el cuerpo que se expanden cuando baja la presión de la cabina y pueden causar dolor o complicaciones.

Tras una operación abdominal, los médicos recomiendan esperar al menos 10 días antes del primer vuelo. Las cirugías del oído medio o de los senos paranasales también exigen una recuperación completa antes de volar, ya que los cambios de presión se transmiten directamente a las zonas operadas.

Las fracturas recientes escayoladas suponen un riesgo por otro motivo. La escayola sujeta con firmeza, y si la extremidad se hincha debajo (algo que ocurre durante el vuelo), existe peligro de isquemia de los tejidos. Las aerolíneas tienen normas para viajar con escayola según la duración del vuelo. Infórmate siempre de este punto antes de comprar el billete.

Problemas respiratorios

Pasajero junto a la ventanilla del avión que respira despacio y con calma con los ojos cerrados, con la mano apoyada suavemente en el pecho.
La presión del aire en la cabina es más baja y puede agravar los problemas respiratorios existentes.

La baja presión y la reducida humedad del aire en la cabina (por debajo del 20 %) resultan incómodas incluso para los pasajeros sanos. Para las personas con enfermedades pulmonares crónicas pueden ser un riesgo real.

La bronquitis crónica y el enfisema pulmonar reducen la capacidad de los pulmones para trabajar con un aporte de oxígeno reducido. La EPOC grave o una neumonía activa son situaciones en las que volar sin equipo de oxígeno y sin la aprobación del médico queda totalmente descartado.

La inflamación de la nasofaringe y de los senos paranasales provoca durante el despegue y el aterrizaje una presión dolorosa, porque la mucosa congestionada impide compensar la presión. No es una cuestión de vida o muerte, pero sí una experiencia muy desagradable que puede llegar a dañar el tímpano. Un spray nasal descongestionante aplicado media hora antes del despegue y del aterrizaje alivia notablemente la situación.

Cuando viajas, lo mejor es dejar resuelto el aparcamiento con antelación. Elige con nuestro comparador una plaza vigilada con traslado directo a la terminal y sal hacia el aeropuerto sin estrés.

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¿Quién no debería viajar en avión? La epilepsia no impide necesariamente volar

La epilepsia por sí sola no es una contraindicación absoluta para volar. Con una epilepsia bien controlada y medicación regular, la mayoría de los pacientes puede volar sin restricciones.

Cuidado, eso sí, con lo que puede desencadenar una crisis. Por ejemplo, la falta de sueño antes del vuelo, el estrés de la facturación, de buscar aparcamiento en el aeropuerto de Praga y de los controles de seguridad, la deshidratación en cabina o un jet lag acusado son desencadenantes típicos. Antes de un viaje largo, consulta siempre con tu neurólogo un posible ajuste de la medicación. Informa de tu estado al personal de cabina: la tripulación sabe cómo reaccionar, pero necesita estar al tanto de la situación.

Buceo y enfermedad descompresiva

Quien bucea con equipo autónomo debe respetar una regla fija: entre la última inmersión y el embarque en el avión deben pasar al menos 24 horas. Tras inmersiones repetidas o a mayor profundidad, la pausa recomendada es de 48 horas.

El motivo es fisiológico. Al bucear, el nitrógeno se absorbe a presión en los tejidos y la sangre. Si el cuerpo dispone de tiempo suficiente para liberarlo de forma gradual, no pasa nada. Si la presión cae con rapidez (por ejemplo, durante el despegue del avión), el nitrógeno puede liberarse demasiado deprisa y provocar la enfermedad descompresiva, con síntomas que van desde dolor articular hasta parálisis o incluso la muerte.

Embarazo y puerperio

Pasajera embarazada con ropa cómoda, de pie en una luminosa terminal de aeropuerto con una maleta y con la mano sobre el vientre.
Las embarazadas deberían consultar el vuelo con su médico, sobre todo en las últimas semanas.

El embarazo avanzado limita el transporte en avión por dos motivos: el riesgo de parto prematuro y el mayor riesgo de trombosis. La mayoría de las aerolíneas no transporta a embarazadas a partir de la semana 36 (en embarazos múltiples, a partir de la semana 28), sin excepciones. Entre las semanas 28 y 36 se exige normalmente un certificado fit-to-fly del ginecólogo.

El puerperio es un período en el que el organismo de la mujer atraviesa una profunda transformación hormonal y física, y el riesgo de tromboembolia está notablemente elevado. Poco después del parto no es aconsejable volar sin consultar antes al médico.

Encontrarás un repaso detallado de lo que se aplica en cada trimestre y de las normas de cada aerolínea en el artículo dedicado a volar durante el embarazo.

Quién no debe subir a un avión sin consultar antes al médico

Existe una categoría de estados en los que volar no está prohibido de forma absoluta, pero en los que, sin una valoración médica, simplemente no se puede saber si es seguro.

Entre ellos están:

  • la anemia (capacidad reducida de transportar oxígeno),
  • las enfermedades psiquiátricas en fase de crisis aguda,
  • las enfermedades oncológicas durante el tratamiento,
  • un ictus reciente (pausa recomendada de al menos 2 semanas),
  • la diabetes grave con control inestable
  • y los estados posteriores a un trasplante.

En estos casos, el médico valora la situación concreta y emite o no el certificado fit-to-fly. Sin este paso, es mejor aplazar el vuelo.

Qué le ocurre al cuerpo durante el vuelo y cómo reducir los riesgos

Incluso un pasajero sano experimenta a bordo cambios físicos que conviene conocer.

La sobrecarga del despegue y el aterrizaje somete al corazón y a los vasos sanguíneos a un esfuerzo breve pero intenso. Los oídos reaccionan al cambio de presión: tragar, masticar o la maniobra de Valsalva (taparse la nariz y soplar con la boca cerrada) ayudan a compensarla. El jet lag desajusta el reloj biológico y empeora el sueño; en los viajes largos ayuda ir adaptando el ritmo de sueño de forma gradual todavía en casa. La cinetosis afecta a una parte de los pasajeros, sobre todo con turbulencias; un asiento a la altura de las alas ofrece el vuelo más tranquilo.

Sigue también las reglas generales de prevención: bebe agua suficiente, limita el alcohol y el café, estírate o da un paseo cada 30 minutos y ponte las medias de compresión antes de embarcar. Para vuelos largos, algunos médicos recomiendan una dosis preventiva de aspirina para reducir la coagulación de la sangre; depende de los riesgos individuales, así que consúltalo con antelación.

Las normas sobre líquidos en el avión se aplican también a los medicamentos en forma líquida: bolsa transparente y envases de hasta 100 ml, salvo que tengas una prescripción médica que justifique una excepción.

Comprueba tu estado de salud antes que cualquier otra cosa

La inmensa mayoría de las personas puede volar, y el avión sigue siendo uno de los medios de transporte más seguros del mundo. Aun así, hay situaciones en las que el entorno de la cabina añade una carga para la que el organismo no está preparado. Si te afectan enfermedades cardíacas, una operación reciente, un embarazo avanzado o una inmersión el día antes del vuelo, consultar al médico debería ser tu prioridad por encima de todo lo demás.

Y si vuelas por primera vez y no sabes qué te espera desde la llegada al aeropuerto hasta el embarque, lee también la guía para el primer vuelo en avión. Te recomendamos igualmente hacer con antelación una comparación de aparcamientos de aeropuerto.

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